Mi primer contacto con la obra del escritor Michel Houellebecq fue un tanto agridulce. Por aquel entonces fantaseaba con la idea de escribir una novela. Cuando leí Ampliación del campo de batalla comprendí que esto ya no sería posible puesto que el autor francés había publicado exactamente lo que yo habría querido escribir, al menos a nivel conceptual, pero con el talento de un gran novelista.
Es muy frecuente que una primera novela sea parcial o totalmente autobiográfica, es por ello que en bastantes ocasiones se trate de la obra cumbre del autor o que el resto de libros sean variantes de escaso interés. Hay también escritores exclusivamente autobiográficos, por poner algunos ejemplos Henry Miller, Anais Ninn y Jack Kerouac. Esto no ha sucedido con Houllebecq pero la fatal coincidencia cercenó de raíz mis aspiraciones literarias.
Cuando más tarde leí Las partículas elementales sufrí una auténtica conmoción. No voy a resumir aquí el argumento, que la mayoría ya conoceréis, bien sea por su lectura o por la adaptación cinematográfica. Con un descomunal talento narrativo nos presenta una historia de una gran dureza psicológica en el que las pasiones e instintos, también las debilidades y miserias del ser humano condicionan completamente el desarrollo de la novela. La angustia del hombre frente a su propia soledad, su impotencia ante el desmoronamiento del frágil andamiaje que sustenta su equilibrio emocional son retratadas de un forma vívida y sobrecogedora.
He leído en la prensa literaria alguna comparación con El extranjero de Albert Camus. Algo hay de eso pero en mi opinión, mientras que en la novela de Camus el absurdo de la existencia humana es algo que en el personaje se manifiesta como un total desapego hacia la sociedad que lo rodea, los personajes de Houllebecq sufren pues son plenamente conscientes de estar sujetos a lo contingente y del carácter irreversible de los hechos que marcarán su existencia.
Me atrevería a afirmar que hay algo de naturalismo en su obra, en el sentido de que son las pulsiones y los instintos primarios los que determinan el comportamiento de los personajes. Tengo curiosidad por saber que habría escrito Emile Zola de haber sido coetáneo nuestro.
Es con Plataforma cuando entra en escena el Houellebecq polémico. A partir de ese momento, la sociedad francesa e internacional se divide en partidarios y detractores. Los motivos, su supuesta misoginia, la defensa de la prostitución como actividad económica en el mundo subdesarrollado y su desprecio hacia la religión y la cultura islámica. Claro que esto se basa en opiniones y actitudes de sus personajes, no de él mismo. El escritor juega astutamente ¿o no? a construir una aureola de misterio alrededor de su persona a la que contribuyen también su carácter, e incluso su aspecto, huraño y excéntrico. Nos encontramos ya no ante un autor de culto sino ante una estrella mediática, ensalzado por unos, denostado por otros pero cuya obra ya nunca podrá ser desgajada de su figura, del mito.
Tras La posibilidad de una isla Houellebecq lleva más allá el concepto de fusión de obra y autor en El mapa y el territorio al convertirse él mismo en personaje de su novela. No se trata de un simple "cameo" o de una fugaz aparición irónica como si de un Alfred Hitchcock se tratase sino de un personaje central. El escritor, riéndose de sus críticos, se retrata a si mismo como un personaje patético, alcoholizado y desequilibrado ("es esa la imagen que se tiene de mi", declaró en una entrevista) y realiza un ejercicio de morbosidad inusual reservándose un destino especialmente macabro.
No se deciros si se trata de un ejercicio de vanidad o de creatividad literaria, es posible que ambas cosas. En cualquier caso el resultado, no ya por este asunto sino por la obra en si, es una novela extraordinaria.
Ayer mismo leí una noticia que me dejó perplejo. Se trata del inminente estreno de un "falso documental" sobre un inexistente secuestro de Michel Houellebecq por parte de Al Qaeda, inspirado en los rumores que surgieron al respecto en 2011. La película está protagonizada por el propio escritor y dirigida por Guillaume Nicloux.
Aun no he digerido la noticia y no tengo una opinión formada al respecto aunque por supuesto si una enorme curiosidad por ver la cinta. A quien se escandalice por tanta aparente ansia de notoriedad, le diría que la valoración que se hace de la obra de un artista está tanto o más condicionada por la personalidad del autor, además de consideraciones éticas, intereses políticos, etc, en otras áreas de la cultura y del arte que en la literatura. ¿O vais a decirme que la obra de Andy Warhol es enjuiciada con objetividad sin tener en cuenta la personalidad de su autor y el contexto en el que fue creada?
Estoy completamente seguro de que si no supiesemos absolutamente nada de quien ha escrito estos libros seguirían siendo obras fundamentales. En cualquier caso lo que podemos afirmar sin lugar a dudas es que estamos ante uno de los escritores e intelectuales vivos más importantes e influyentes de nuestros días.
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